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«Aquí no leemos libros» ¿De verdad?

… o el arte de ser librero de pueblo

Cuando vine a vivir a Llíria, con la intención de montar una librería, una de las frases que me repitieron hasta la saciedad fue «Aquí no leemos libros». ¿De verdad es así?

Mi idea era simple. Montar una librería que localmente ofreciera servicios distintos de las otrasm, por un lado. Por otro, vender en Internet, algo en lo que tengo experiencia y en lo que el lugar de residencia es poco importante. Mi nicho de trabajo desde los años ochenta es lo que ahora se llama «crecimiento personal» (yoga, salud, dietas, meditación, taichi, artes marciales, mancias…). Algo que en Camp del digo de Turia tiene más demanda y oferta de lo que se suele pensar. Bastante gente se ha llevado una grata sorpresa al encontrar una librería así en Llíria, y dejar así de depender de Internet o de bajar a València.

Librería Yutakla en LlíriaAparte hay que aplicar la Gran Ley Cósmica del Comercio: «Si te lo piden, búscalo». En  otras palabras, Sabes lo que intentas vender al principio, pero ni imaginas lo que acabarás vendiendo. Fuera de las grandes ciudades es importante la flexibilidad. Mucha gente busca novela; los más jovenes buscan manga y cómic en general; hay padres que necesitan información sobre TDAH… En general, hay que ofrecer un servicio que va más allá del «bestseller» y del libro que mandan en el colegio.

Siento llevar la contraria a quienes me dijeron que «Aquí no leemos libros». Aquí se  lee. No tanto como sería deseable, no tanto como en otras partes donde ves a la mitad de los viajeros del metro con libros, pero se lee. Cierto que buena parte de los lectores potenciales tienen que pensarse dos veces qué libro compran, porque los presupuestos familiares están como están. Pero se lee narrativa, se lee manga, se lee sobre cosmética coreana, se lee sobre salud, sobre yoga, se compran libros para los niños, se lee ciencia ficción, se lee psicología, se compran láminas de arte celta o hindú…

Un problema es el precio del libro. No es un producto caro en realidad. Es duradero, se puede usar repetidamente, se puede guardar, se puede compartir, y además no pide pan. Pero otro problema es la oferta a la que tienen acceso los potenciales lectores. Buena parte de lo que vendemos está en el escaparate. No está extendida aún costumbre de entrar a la librería simplemente a ver que hay. Tampoco podemos tener todo el material publicado. Solo en castellano en la base de datos de un gran grupo editorial, me he encontrado más de mil títulos nuevos o reimpresos desde mayo de 2019 hasta octubre. Tenemos que ser capaces como libreros  de asesorar y buscar. Y la clientela tiene que pensar en que la distribución a pequeñas librerías fuera de grandes ciudades puede ser muy mala, y que es casi imposible encargar un libro de un día para otro. Especialmente en diciembre o a principio de curso.

Pero si los libreros tenemos estos problemas con la distribución es porque la gente SÍ pide libros. Aquí sí se lee.

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